martes, 22 de diciembre de 2015

El regalo de Navidad de Dave Davies


"Strangers on this road we are on
We are not two we are one"

"Dentro de poco es Navidad y este es mi regalo de Navidad para vosotros". Había transcurrido algo más de hora y media desde que Dave Davies iniciara su show en el Islington Assembly Hall de Londres. Nadie imaginaba lo que iba a pasar. Ni siquiera el más optimista de los fans. Tal vez por inesperado fue tan mágico. 

De repente de la parte derecha del escenario, en la penumbra, surgió una silueta. Era Ray Davies. Todos gritamos de emoción, atónitos y excitados. Vestía con camisa de cuadros roja, chaqueta negra, gorra y pantalones vaqueros con vuelta. En la mano portaba una botella de agua. Su aspecto era inmejorable. Los gritos del público iban in crescendo. Un tanto desubicado -como si todo se hubiera improvisado en el último momento-, Ray se dirigió pausado al micrófono de los coros e hizo su habitual comentario jocoso: "por favor un fuerte aplauso para Dave 'Death Of Clown' Davies". Era la frase que todos estábamos esperando, con la que presentaba siempre en los conciertos a su hermano (a pesar de que a Dave no le hacía mucha gracia). Pero esta vez no hubo rencillas.

La ovación fue ensordecedora. Dave sonrió mientras le hacía un gesto para que cantara en el micro principal, como en los viejos tiempos, como si fueran los Kinks. Y allí fue Ray. Después sonaron los primeros acordes de 'You Really Got Me', el Riff, con mayúsculas, la canción que catapultó a los Kinks a la fama en 1964 y que aún seguía sonando fresca y rabiosa. Fue la perfecta cuadratura del círculo. La sensación de vivirlo allí en directo jamás podrá ser descrita con palabras o imágenes.

Hacía 19 años que Ray y Dave no se subían juntos a un escenario. Durante los últimos años se habían intensificado los rumores de una posible vuelta de los Kinks, pero nunca llegaron a producirse. Por eso los allí presentes, privilegiados repentinos, sabíamos del momento histórico y excepcional al que estábamos asistiendo. Eran los Kinks, aunque no fueran los Kinks propiamente dichos. Sacamos nuestros móviles, nos miramos incrédulos, nos pellizcamos, nos abrazamos, nos emocionamos y por supuesto disfrutamos de uno de esos instantes únicos que te regala la vida. 

No llegó a los tres minutos. Antes de acabar el último acorde de la canción, Ray tendió la mano a Dave, ambos sonrieron, y Ray salió del escenario con la misma elegancia y discreción con la que había entrado. No era su noche, era la de su hermano y no quería robarle protagonismo. Dave pegó un salto para cerrar el tema y fue al micro: "muchas gracias y que tengáis una Feliz Navidad". Fue apoteósico. Sin saberlo -o tal vez sí- nos había hecho el mejor de los regalos musicales que posiblemente experimentaremos en nuestras vidas. 



"When I arrive in Euston"

Iñaki, mi hermano Álvaro y yo llevábamos tiempo planificando ese viaje a Londres. Dave Davies, que vive en Nueva York, no se prodiga mucho por Europa por lo que el concierto en el Islington Assembly Hall en la fecha (ya histórica) del 18 de diciembre de 2015 estaba marcado desde hace meses en nuestro calendario. Ni trabajos, ni Elecciones Generales (me tocó presidente de mesa electoral), ni lectura de tesis (mi hermano se hizo Doctor en Lingüística unos días antes) podrían interponerse en nuestro camino. Costó cuadrar agendas, apelar a la Junta Electoral pero al final se consiguió. Llegamos a Londres un día antes con la intención de hacer la consabida ruta por el Londres de los Kinks y descubrir otros nuevos puntos de interés. Ya de paso aprovechamos para asistir al multipremiado musical Sunny Afternoon en el West End, que ya habíamos visto, pero estrenaba nuevo casting y cualquier excusa siempre es buena.

La mañana del concierto de Dave salimos pronto, a pie, desde nuestro Bed&Breakfast (pero sin breakfast) de King's Cross, muy cerca de Euston, rumbo a Muswell Hill. La prisión femenina de Her Majesty Holloway que inspiró Holloway Jail, la antigua Escuela de Arte de Hornsey (hoy la Escuela Primaria de Coleridge) donde estudió arte Ray Davies o el Hornsey Town Hall donde el Ray Davies Quartet (primer embrión de los Kinks) dio su primer concierto fueron algunos de nuestros objetivos. Después de una largísima caminata por las cuestas de Holloway, Hornsey y el Crouch End -con paradas en otros escenarios no Kinks como el estadio Emirates del Arsenal- y respirar ese aire genuino del norte de Londres, nos plantamos en Muswell Hill, la zona cero Kinks. Tras la comida en un repleto Clissold Arms, el auténtico museo Kinks, y un breve paseo semi nocturno por la trasera de Fortis Green (en invierno en Londres anochece a las 15.30) cogimos un autobús dirección a Islington.

Hornsey Town Hall
Escuela de Arte de Hornsey
Holloway Jail

Unos 40 minutos antes de que se abrieran las puertas, en el exterior del Islington Assembly Hall apenas se podían ver una veintena de fans. Entre ellos, David Quaife, el hermano de Pete Quaife, bajista original de los Kinks, algunos fans venidos de Holanda y la reina de los fans ingleses Olga Ruocco. El ambiente se parecía a una reunión familiar donde todos nos poníamos cara. La sensación era que el concierto de Dave no despertaba el mismo interés que, por ejemplo, uno de Ray. Aún sí, poco a poco fue llegando la gente, en una media de edad que superaba los 50 años. 

El Islington Assembly Hall es un coqueto y acogedor recinto con capacidad para unas 800 personas que recuerda a esos salones de baile del siglo pasado o a un antiguo gran cine. En el cartel de conciertos del mes se podía ver como casi todos los artistas tenían 'sold out', menos Dave, que consiguió llenar unas tres cuartas partes del recinto, sobre todo el palco de arriba, donde las butacas sentadas congregaron a un mayor número de público, quizás por la edad del respetable. Parece que Dave no sería profeta en su tierra. Antes del concierto dos fans españoles, los hermanos Calle, que reconocieron a Iñaki se unieron a nosotros. No éramos los únicos frikinks que habíamos venido desde lejos.

Tras una actuación de un telonero, correcto aunque prescindible, salieron los músicos de Dave. El sonido era bastante potente, el riff de 'Rippin' Up Time', tema del último disco en solitario de Dave 'Rippin' Up New York City', abrió el concierto. Cuando Dave apareció, brazos en alto, el público le recibió con una sonora ovación. El estado de forma de Dave, que en 2004 sufrió una embolia, era envidiable, mucho mejor de lo esperado, quizá porque, en un exceso de benevolencia, nos temíamos lo peor. Pero no, Dave se mostró lleno de energía, seguro de sí mismo y juguetón con la audiencia aunque no podía (ni pretendía) emular las capacidades de antaño. Los riffs de 'All Day And All Of The Night', 'Tired Of Waiting For You' o 'Where Have All The Good Times Gone', tocados por su creador original, seguían desplegando esa brillantez mágica y evocadora de los Kinks. En los solos y en la parte vocal Dave, por el contrario, no arriesgaba demasiado, aunque nos regaló algunas interpretaciones memorables y altamente emotivas. 

La determinación de un músico que es historia viva del rock, por seguir encima de un escenario ya solo merecería la pena para justificar su presencia en Londres, pero es que además Dave supo conjugar con maestría grandes clásicos de los Kinks como 'Dead End Street' o 'I'm Not Like Everybody Else' con algunas de las gemas en solitario más preciadas de su carrera. Especialmente emotivas sonaron en su acústica 'Strangers', 'This Man He Weeps Tonight' y 'Death Of Clown'. Con uno de sus más grandes hits, 'Living On A Thin Line', se explayó y para 'Young And Innocent Days', tras un lapsus en la letra inicial, se arriesgó a recuperar una canción menos conocida del repertorio Kinks, lo cual siempre es de agradecer.

En ocasiones se podía apreciar como tenía dificultades para coger la púa (secuelas de la embolia), algunos acordes no sonaban con la fluidez necesaria o como se veía obligado a salir del escenario porque el cansancio hacía mella en él. Pero desde un punto de vista meramente musical, Dave ofreció un espectáculo muy notable mezcla de nostalgia y actualidad, demostrando que puede soportar el solo todo el peso de un concierto con bastante dignidad.

La sorpresa final fue el mejor colofón posible. Algunos se preguntarán si eso implica una vuelta de los Kinks. Quizá no tenga ya sentido, o quizá sí. No es lo mismo un concierto de Ray o Dave en solitario con una banda de jovencitos de apoyo, que 4 septuagenarios defendiendo un repertorio rockero. Esto no es jazz. Lo que está claro es que nadie mejor que ellos están autorizados y legitimados para recuperar su extensísimo legado y cantar eso de "dónde se fueron los buenos tiempos". 


(Fotos y vídeo: Manuel Recio)




1 comentario:

  1. Frikinks vaya noche. La suerte es para el que se la merece. Nunca se os olvidará ese momento. Ya lo he contado en algún lugar, y lo voy a repetir aquí. Las ultimas olimpiadas ceremonia inaugural en la TV, hora de la cena, me muevo de la cocina al comedor y de repente suena Waterlo sunset, me quedo atrapado en el comedor, pero me requieren en la cocina. Voy rápido y al llegar escucho en una conocida emisora de radio difusión (estaba puesta en la cocina) "pero quien es este Davies ,a ver si acaba ya". Logicamente sentí una gran vergüenza e indignación.
    Bueno hasta otra frikinks.

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