domingo, 14 de abril de 2013

Una fantasía de amor criollo



  
"Nueva York es el sueño de una canción, la sensación de estar vivos y alerta, una ráfaga y un flujo de vitalidad que late como el gigantesco corazón de la humanidad entera"

Sentía predilección por los pasajes meditabundos. Sonoramente pausados, expresivamente ambivalentes. Era la faceta de su personalidad musical más reflexiva. Una serie de poemas orquestales que reflejaban estados de ánimo de nostalgia. "Me siento sentimental". Parece que decía con esa combinación de acordes ascendentes y cambios de ritmo. Quería que los elementos de la orquesta suspirasen como hacía su corazón. Pero no fue fácil llegar hasta allí. Encontrar ese sonido era resultado de toda una serie de experimentaciones y hallazgos, así como de una extraordinaria capacidad para saber rodearse de los mejores músicos. Conocía sus fuerzas y debilidades. Una intuición fuera de lo común y una apabullante creatividad pusieron el resto. Consiguió reunir una banda insuperable como conjunto, muy por encima de las agrupaciones de su época.

La primera incursión de Duke Ellington en Nueva York fue un desastre, como ya dijimos en la anterior entrada dedicada a él. Pero alguien de su obstinación no se iba a dar tan fácilmente por vencido. En 1923 abandonó Washington definitivamente. Durante esa inicial aventura en la Gran Manzana había conocido a algunos músicos que se estaban moviendo por teatros. Uno de ellos fue Fats Waller que actuaba en un espectáculo de variedades en el  teatro Gaiety. Waller estaba cansado y decidió dejarlo. Llamó a Duke por si estaba interesado en reemplazarle.

"Subí al tren, me senté en primera clase, di buena cuenta de una cena copiosa y cara en el vagón-restaurante y cogí un taxi en la Pennsylvania Station para que me llevara a Harlem". Cuando llegó a su destino le estaban esperando dos viejos amigos de Washington que habían ido en avanzadilla, el batería Sonny Greer y el saxofonista Toby Hardwick, más adelante miembros de su banda. Sonny, le pidió algo de dinero porque al parecer las cosas se habían torcido y ya no tenían ese trabajo en el teatro. Pero Duke estaba sin blanca, se lo había gastado todo el viaje...

Cada mañana, junto a los muchachos, iba hasta el centro de Manhattan para apuntarse a todas las audiciones que se convocaban en la ciudad. En Washington estaban acostumbrados a actuar en bailes de alta sociedad, como música de acompañamiento para las conversaciones, pero en Nueva York las cosas funcionaban de otra manera. Se tocaba una música funcional destinada no sólo al baile, sino también a espectáculos teatrales, dirigidos fundamentalmente a un auditorio blanco. Allí triunfaba la tradición del ragtime aunque al mismo tiempo, una serie de pianistas estaban desarrollando el estilo stride piano, perfeccionado en las llamadas rent parties o fiestas de alquiler. Gracias a un encuentro fortuito con la cantante Ada "Bricktop" Smith, Ellington obtuvo un primer trabajo como músico acompañante en un club de Harlem.


Las editoriales musicales de Broadway

Pero además de tocar en clubs, desde muy pronto, Duke descubrió que todo el mundo podía llevar sus composiciones a las editoriales musicales de Broadway. Ellington se unió al desfile de aspirantes. Enseguida se asoció con un letrista llamado Joe Trent, un tipo que conocía muy bien los entresijos del mundillo. Empezaron a componer juntos para poder vender las canciones. Fueron pasando el material de oficina en oficina, pero no hubo mucha suerte en un primer momento. Hasta que un día llegaron al despacho de Fred Fisher que también era compositor. A Fisher le gustó uno de los temas. Por fin lo habían conseguido, pero para cobrar el anticipo de 50 dólares necesitaban una partitura. Duke hasta entonces no había escrito nunca una. 

"Eran las cuatro y media de la tarde y sabíamos que teníamos hasta las cinco para cobrar. Así que, haciendo caso omiso de los diez pianos que sonaban de forma simultanea en los diez cubículos vecinos, me senté y anoté una partitura simplificada. El resultado fue satisfactorio: cobramos el dinero, nos dividimos la suma y nos largamos de allí", confesó. Le había pillado el punto a la escritura. Por quinientos dólares de anticipo, en una sola noche escribió las composiciones de un musical entero, Chocolate Kiddies, que llegó a representarse durante dos años en Berlín. Aún con esas, la venta de canciones no iba a hacerle rico. De momento...


El Kentucky Club

En otoño de 1923 empezó a tocar en el club Hollywood, un sótano situado en la calle 49 esquina con Broadway  Allí se presentó con una banda que se hacían llamar los Washingtonians. Uno de los miembros destacados era el trompetista James "Bubber" Miley, maestro en el uso de las sordinas y figura clave para entender el "estilo Ellington". Pero también estaban Sonny Greer en la batería, Otto Hardwick en el saxo, Elmer Snowden en el banjo y Roland Smith en el saxo y el fagot. Ellington ejercía las labores de pianista y arreglista. En 1924, tras un incendio, el local se rebautizó como Kentucky Club

La importancia de este lugar radica en que fue donde el sonido de Duke adquirió nuevos colores y rasgos. "A petición del público, tocábamos cualquier cosa: canciones populares, temas de jazz, canciones subidas de tono, románticas, de temática hebrea... El cliente de turno solía responder tirando varios billetes de veinte doláres lejos de él, como si le quemaran los dedos". Paul Whiteman, el llamado 'Rey del Jazz' blanco, era un habitual del club y cuando le gustaba la música llegaba a dejar propinas de hasta cincuenta dólares. Otro asiduo del local, el editor Irving Mills, se convertiría en uno de los máximos impulsores de la carrera de Ellington.

El 'estilo Ellington' y la influencia de Miley

Fue asimismo durante esta etapa cuando Duke Ellington se convirtió en el director de la banda. Con muchos esfuerzos porque en un primer momento los músicos se resistieron a ser controlados. Pero pasado un tiempo, Ellington comenzó a demostrar dotes de liderazgo y de genio organizador y supervisor. Primero con un sexteto al que poco a poco fue incorporando más músicos. Una de las decisiones más celebradas es la elección del mencionado Bubber Miley. No era un trompeta muy técnico que se encontrara cómodo en las improvisaciones. Tampoco tenía un registro especialmente amplio. Sin embargo destacaba en dos aspectos que lo hacían insuperable: el instinto para el timbre y su capacidad para dar forma a la melodía. En 1926 introdujo en la banda al trombonista Tricky Sam Nanton, que al igual que Miley no contaba con una técnica deslumbrante, algo que suplía con un sonido sucio y haciendo hablar a su instrumento. Por tanto, puede que Duke no tuviera en su grupo a los solistas más laureados de Nueva York (intentó contratar incluso a Sidney Bechet), en cambio ofrecía una orquesta con carácter y personalidad.

Uno de los rasgos distintivos del incipiente estilo de Ellington era el sonido de sordina de Miley. Las primeras reseñas alababan la capacidad de este por obtener las modulaciones y notas cantadas más misteriosas jamás oídas. También señalaban al trompetista como responsable de toda aquella música lenta y extraña. Al mismo tiempo se observa una característica separación de los instrumentos de cobre (trompetas, trombones)  y los de caña (clarinete). Se reproduce de manera bastante fiel el estilo de los combos de Nueva Orleans con tres instrumentos en primera línea y el resto en la sección rítmica. En estas primeras composiciones se aprecia una influencia de las orquestas de King Oliver, Jelly Roll Morton o Fletcher Henderson en lo que a orquestación y estructura formal se refiere, pero al mismo tiempo se intuyen acercamientos al stride piano y al jazz sinfónico. La influencia de Miley no solo se da como solista principal de la banda, sino que también participa en la autoría de algunos temas.



Black and Tan Fantasy / Love Creole Call

De las grabaciones que la orquesta de Ellington realizó en 1926 y 1927 tres destacan por encima del resto, y en las tres participó como autor Bubber Miley. De hecho, algunos investigadores consideran que el único compositor fue Miley, aunque en los créditos aparezca también Duke. Es lo que se conoce como "efecto Ellington", ya que como director se apropiaba de las composiciones de sus músicos, siendo esto una constante a lo largo de toda su trayectoria. ' East Saint Louis Toodle-Oo' vislumbra un nuevo rumbo estilístico en la banda donde se mezclan melodías sombrías en modo menor que dan paso a un tema en mayores con aire de rag. Pero será en 'Black and Tan Fantasy' cuando se revele con más claridad la evolución. Nuevamente el rugido de la sordina de Miley dota de entidad a la melodía principal -melodía que está sacada de una canción sacra que solía cantar la hermana de Miley-. La atmósfera es más sombría aún, hasta el punto que finaliza con una alusión a la Marcha fúnebre de Chopin.

Por su parte 'Creole Love Call' es una excelente muestra del uso de los gruñidos (efecto growl) y de la sordina wah-wah de Miley, lo que daría en llamarse el sonido jungle, tan característico del primer Duke. Cuenta con la participación de Adelaide Hall que rivaliza en aspereza con la trompeta. Muestra la fascinación de Ellington por los sonidos exóticos y al mismo tiempo supone un valioso ejemplo de cómo es capaz de adaptar los materiales ajenos a las necesidades propias. La prematura muerte de Miley en 1932 implica que nunca se le reconociese el papel que merece como compositor de estas relevantes piezas de la historia del jazz. La figura de Ellington le eclipsó por completo. Más allá de las posibles controversias en la autoría, lo que sí que hay que reconocer a Duke Ellington es la visión coherente y unitaria y el diseño integral que logró imprimir a su orquesta. Esos sonidos, unidos a las, a menudo, personalidades complejas de sus músicos constituyen el instrumento que Duke mejor sabía tocar. 

En 1927, Ellington estaba cada vez más encaminado a conseguir ese sonido propio que tanto anhelaba. Sus actuaciones en el Kentucky Club contaban con un público fiel y entregado. Pero el 4 de diciembre de ese mismo año, le surgiría por casualidad una nueva oportunidad para evolucionar en su carrera, tal vez la más decisiva. El Cotton Club de Harlem estaba buscando una banda residente. A la audición se presentaron siete bandas, pero el dueño del local llegó tarde a la prueba y no pudo escuchar a las seis primeras. Da la casualidad de que la última era la banda de Duke Ellington. La suerte estaba de su lado. Sería el trampolín definitivo en su camino hacia la fama. Las primeras emisiones radiofónicas, los grandes éxitos, las giras por todo el mundo. Pero, por supuesto, todo eso forma parte de otra irrepetible y fascinante aventura...

Para finalizar un regalo digno de ser contemplado entero: el corto 'Black and tan fantasy' protagonizado por Duke, donde a parte del proceso de composición de tema al que da título, se observan asombros numeros musicales de la época del Renacimiento de Harlem, como la delicada "Black Beauty". Asimismo, el otro vídeo muestra la versión original de 'Love Creole Call'.

"Bubber (Miley) solía tocar toda la noche esos rugidos de trompeta, produciendo entonaciones ásperas y rugosas. Fue entonces cuando decidimos olvidarnos para siempre de la música dulce y delicada", Duke Ellington.



 


NOTA:
[Con esta entrada el blog celebra su segundo aniversario de existencia. Quién lo iba a decir. Como viene siendo habitual, qué mejor forma que hacerlo con el artista que da título a todo esto. Muchas gracias a todos los que habéis llegado hasta aquí. A los que estáis desde el principio o a los que os habéis incorporado por el camino. Vuestro aliento constante y el ferviente reconocimiento a mis escritos son sin duda el mejor estímulo para seguir adelante. Muchas gracias, insisto. Todo el esfuerzo ha merecido la pena]

6 comentarios:

  1. Un musico genial, no solo en los ámbitos del jazz. Fue un prolífico autor de temas inolvidables y muy importantes en la música de jazz, un artista formidable a nivel mundial por su creación musical.
    Un cordial saludo Manu

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  2. Un placer visitar este blog y darse una ducha de cultura jazzística .

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  3. Tienes de mis blogs de cabecera, felicidades, Manu. Gracias por esta entrada dedicada al que de niño deseaba ser un "grande y noble duque" y a fe que lo consiguió. Justamente ese fue el nombre con que inauguré mi blog Sinfonía Azul allá por el 2008.

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  4. Gracias por estas entradas, tan completas y bien escritas (a veces, la erudición jazzística se vuelve enmarañada y pedante, no es tu caso).

    Tengo un trío musical, y algo de jazz hay en nuestra mezcla, por si te interesa (si te parece spam, lo borras y en paz). Un saludo.

    www.lostremebundos.com, lostremebundos.bandcamp.com

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  5. Nada que decir, impresionado (como siempre) y flipando en colores....¿Para cuando un libro? me encantaría poder leer esto en un precioso volumen con tapa dura y fotos, sentado en mi sillón escuchando a Billie, a Dinah o a Ella (de momento me apetecen voces femeninas jeje)... En cuanto a Duke, jo que bien lo cuentas, para mi es uno de los "TRES", junto a Louis Armstrong y Charlie Parker...
    Un saludo

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  6. Nuevamente, he aprendido muchísimo de historia, de música, de jazz, de instrumentos, de sordinas, del oscuro mundo del copyright, de la profesión de escritor de partituras... Gracias por la clase, maestro.
    La proxima vez que mis pies pisen la 49st con Broadway, me fijaré en su sotano...

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