domingo, 28 de abril de 2013

Las canciones secretas del ferrocarril subterráneo


Swing low, sweet chariot
Coming for to carry me home,
Swing low, sweet chariot,
Coming for to carry me home

[Balancéate lentamente, dulce carromato
Ven para llevarme a casa]

El viaje comenzaba de noche, cuando todo el mundo dormía. Sigilosamente. Cuidadosamente. No podían correr el riesgo de ser descubiertos. Justo el día antes habían escuchado estos versos cantados. "Swing low, sweet chariot, coming for to carry me home". Resonaban en su cabeza durante la huida como una cantinela de salvación. El carromato ya estaba listo para llevarles de vuelta a casa.  No tenían mapas, ni brújulas, tan solo se guiaban mirando al cielo, por la luz de la estrella polar o por los cauces de los grandes ríos. Caminaban a pie siempre rumbo hacia el norte. Cruzaban aguas, laderas, bosques... Pasaban el día ocultos en pantanos o cuevas. Si alguien les veía, serían capturados. El sueño se habría acabado y la única salida sería la propia muerte. Escapaban de una existencia aberrante, mísera, humillante, continuamente sometidos...

Pero también tenían que dejar atrás algo mucho más doloroso: su familia. Sus hijos o sus padres. Algo que muchos de ellos jamás recuperarían y les marcaría de por vida. Ese desarraigo sería la base de su conciencia como pueblo y de todas las manifestaciones artísticas que vendrían después.. El trayecto era duro, muy duro. Algunos no lo superaban. Otros se encomedaban a Dios. Rezaban día y noche. El temor a una captura les atormentaba. Aún así sabían que al otro lado encontrarían la tierra prometida, el paraíso con el que habían soñado durante tanto tiempo. Al final del camino conseguirían la libertad. Además contaban con una pequeña ayuda. Los hombres y mujeres afroamericanos que huyeron de la esclavitud sabían que en mitad del camino, cuando ya estuvieran a punto de desfallecer exhaustos, hallarían un refugio inesperado que les daría cobijo, descanso y aliento para seguir adelante: las estaciones del ferrocarril subterráneo.



El tren de la libertad

No había raíles, ni máquinas de vapor, ni era necesario quemar carbón para desplazarse, nada tenía que ver con un tren tradicional. Durante el siglo XIX, el término ferrocarril subterráneo (underground railroad) sirvió para hacer referencia a una extensa red de hogares clandestinos cuyo objetivo era ayudar a los negros que huían de los estados esclavistas del Sur hacia los libres del Norte. Fue el primer movimiento en  masa de desobediencia civil de la historia de Estados Unidos donde un gran número de personas se sacrificaron por los derechos civiles de otros. Los conductores eran activistas abolicionistas que arriesgaban incluso su vida por ayudar a los demás. Para los esclavistas, sin embargo, se trataba de una red organizada de robos y asaltos.

Pintura del ferrocarril. Charles T.Webber. 1890
El nombre viene porque usaban términos ferroviarios como código para evitar despertar sospechas entre la población blanca. Los negros fugitivos se les conocía como pasajeros. Los conductores o maquinistas estaban en el Sur y facilitaban la salida de los esclavos. Las estaciones se transformaban en las casas de acogida donde descansaban los fugitivos. Allí se les proporcionaba comida, alojamiento e instrucciones para seguir el viaje. Cualquier comunicación entre sucursales del ferrocarril se realizaba por mensajeros o por correo postal. Los revisores se encargaban de que todo el proceso se hiciera de la forma más discreta posible. 

El secretismo era una de las reglas básicas del ferrocarril. Si alguien descubría la red, las consecuencias serían nefastas. Pero hubo una persona que se saltó esa regla y realizó registros precisos de todos los viajeros que pasaron por su estación. Era una temeridad porque esos papeles inculpaban a ambas partes. Afortunadamente nunca le descubrieron. Gracias a la osadía de William Still muchas familias de esclavos afroamericanos consiguieron encontrar a sus miembros y reunirse ya en libertad.

William Still, el maquinista jefe 

Desde su casa en Filadelfia, William Still, maquinista jefe de una de las líneas más concurridas del ferrocarril ayudó a escapar a más de 800 esclavos con una media de 60 esclavos al mes. Still nació en libertad pero venía de una familia también de esclavos. Sus padres Levin y Sidney Still vivieron una dramática historia para huir de la plantación donde vivían. Tras dos intentos, Sidney consiguió escapar de Maryland, llegar hasta el río Delaware y establecerse en el estado libre de New Jersey donde logró reencontrarse con su marido. Fundaron una granja. Sidney rehizo su vida desde cero. Se cambió el nombre y renegó de su pasado. Pero hay una cosa que jamás olvidaría: en la huida no consiguió llevarse a todos sus hijos, tuvo que elegir con los que viajar y solo dos la acompañaron. Los otros dos se quedaron en el Sur. Sidney Still, madre de William Still nunca lo superó. 

Tal vez esa desgarradora experiencia impulsó a Still a ser uno de los maquinistas más activos de la línea. Ejercía de nexo de unión entre los furtivos del Sur y los asentamientos del Norte. Todo aquél dispuesto a huir sabía que en la casa de William podía parar. Still se escribía frecuentemente con muchos otros jefes de estación y agentes. En la primavera de 1856 se registró un récord en el ferrocarril: en un solo día 17 fugitivos pasaron por su hogar. Además, en Filadelfia la opinión pública estaba de su lado por lo que no hubo ninguna voluntad política de perseguir a los fugitivos ni activistas del ferrocarril. Las leyes de Pennsylvania estipulaban que cualquier esclavo que entrara en el estado en compañía de su dueño tenía automáticamente derecho a la libertad. Sin embargo, no todos los lugares eran igual de seguros.


Los cazadores de esclavos 

Los maquinistas del ferrocarril subterráneo se enfrentaban a una institución con más de dos siglos de antigüedad en los Estados Unidos. En 1860 el valor en dólares de los cuatro millones de esclavos era mayor que el valor de todos los bancos, ferrocarriles y empresas de América juntos. La historia americana estaba íntimamente ligada a la esclavitud. En las plantaciones del Sur, la mano de obra de los esclavos se veía como un derecho divino, un motor de crecimiento para el desarrollo económico. Se crearon grandes haciendas para cultivar tabaco o algodón, lo cual generó el nacimiento de una aristocracia de terratenientes blancos donde los negros eran tratados igual que el ganado. Sin embargo en el Norte, con la llegada de la industria, la esclavitud progresivamente se fue aboliendo. Aún así, los cazadores de esclavos merodeaban por todas partes. 

Los periódicos estaban llenos de anuncios con ofertas por esclavos fugitivos. Como este: "Matilda, joven mulata marcada en el pecho derecho con las letras N.B. Llevaba un niño pequeño al huir". Los esclavos huían de las vejaciones, de los maltratos, de las palizas, de los trabajos forzados. Pero ninguno podía compararse al desarraigo familiar. Todos los días los dueños blancos les sometían a separaciones traumáticas. A pesar del sufrimiento, un negro se podía llegar a recuperar de unos latigazos,  pero cuando le arrebataban a sus hijos o a su familia le quedaba una huella profunda. Esa pérdida formaría parte de ellos para siempre, de su carácter. El lugar más indefenso en el que podían encontrarse era en una plataforma de subastas. Las subastas de esclavos constituían un negocio próspero y recurrente en el Sur. Había ciudades con celdas permanentes y las casas de subastas publicitaban su mercancía en la calle principal, al lado de comercios como herrerías y ferreterías.

En 1850 el Congreso aprobó la Ley de Esclavos Fugitivos donde se proclamaba que todos los estados de América debían devolver los esclavos fugitivos o afroamericanos huidos a sus dueños y estos dueños tenían derecho a buscarlo en cualquier territorio de los Estados Unidos. Ya no había refugios seguros. Muchas de las personas huidas a los estados del Norte, que ya se habían establecido, que incluso habían formado familias y se habían integrado en las comunidades se veían ahora amenazados. Nadie estaba a salvo. La nueva ley también obligaba a todos los ciudadanos a ayudar a recapturar a los fugitivos bajo pena de prisión o multa si no lo hacían. Siempre tenías que estar alerta. Los agentes del ferrocarril corrían mucho más peligro. Algunos decidieron destruir los registros de esclavos. Pero la red no cerró, simplemente, se hizo más larga y se extendería hasta Canadá donde la esclavitud se consideraba ilegal. En los primeros meses después de la aprobación de la ley alrededor de tres mil esclavos cruzaron la frontera hacia Canadá.
 

La Moisés Negra del Pueblo

Precisamente en Canadá tenía su base Hurriet Tubman, otro de los personajes más famosos del ferrocarril. Nació esclava en Maryland. Su dueño casi la mata a golpes cuando tenía quince años. Escapó sin su marido, junto a sus dos hermanos, pero en lugar de quedarse a vivir en libertad se unió a la organización. En los años 50 del siglo XIX solicitó ayuda a William Still para utilizar sus vías. Hizo una docena de viajes a los estados negros y logró rescatar hasta 70 personas.  Tubman, apodada como Black Moses of her People (Moisés Negra del Pueblo), siempre viajaba de noche y en extremo secreto. Portaba medicinas naturales para calmar el llanto de los bebés. También una pistola. Se ofrecían recompensas de hasta cuarenta mil dólares por su cabeza. Ningún cazador de esclavos pudo capturarla. Conocía todos los recovecos, todos los escondites. Si llegaba el caso, disfrazaba a sus viajeros para que pasaran desapercibidos. Incluso en muchas ocasiones ella misma realizaba el trayecto. Nunca tuvo miedo, jamás perdió un esclavo. 

Eso sí, no permitía que ninguno de sus pasajeros se quejara del cansancio del viaje o se planteara abandonar. Trabajaba con una regla sencilla y concisa: una vez subidos al tren había que llegar hasta el final o morir. Un fugitivo vivo podía hacer mucho daño al resto, sin embargo un fugitivo muerto no podía contar ningún secreto. Así se aseguraba su obediencia. Para revelar su presencia en las plantaciones sin llamar la atención de los dueños usaba una serie de cantos. Cuando los esclavos las escuchaban sabían que había llegado su Moisés por lo que estaban listos para la huida.

Códigos ocultos en las canciones

Hurriet Tubman no fue la única, de hecho las canciones y los himnos desempeñaron un papel primordial en el desarrollo del ferrocarril subterráneo. Una adecuada planificación suponía una parte fundamental del éxito de los viajes. Cantos optimistas y de esperanza que hablaban de alcanzar el cielo, en realidad presagiaban la tierra prometida, el Norte. Las palabras tenían un doble significado. Siempre que en una canción salía la palabra zapatos, ruedas o carros significaba que alguien estaba listo para huir. Por ejemplo,  el carromato de 'Swing Low, Sweet Chariot'  venía para recogerlos y llevarlos  hacia la libertad, hacia el ferrocarril subterráneo. Cuando se cantaban esas canciones implicaba que algo iba a suceder al día siguiente. El río Jordán simbolizaba el río Ohio o el Mississippi, la banda de ángeles eran los conductores que le llevarían a casa. Los dueños escuchaban esos cánticos y pensaban que los esclavos estaban contentos. Pero con el nuevo día habían desaparecido tres de ellos. El motivo había que buscarlo en el mensaje oculto que se emitió en la canción.

'Follow the drinkin' gourd' se cantaba por la noche. La calabaza de la bebida (drinkin' gourd) hacía referencia a la Osa Mayor, la estrella polar que guiaría a la comitiva rumbo al Norte. El espiritual 'It's a highway to heaven' no tenía nada que ver con el cielo sino con el viaje a Canadá. 'Go down, Moses' bien podría implicar a la Moisés Negra. La historia bíblica de la canción se transforma en una parábola donde el faraón que tiene que dejar al pueblo marchar (let my people go) representaría el amo blanco opresor. Los que quedaban atrás podían consolarse con canciones como 'Bound to go' (tengo que irme) o 'Members, don't get weary' (miembros, no desfallezcáis). Muchos himnos y espirituales del pueblo afroamericano con marcada temática religiosa, cambiaron de significado cuando se planificaba una huida. Tal es el caso de 'Steal Away to Jesus' (acércate a escondidas a Jesús) o 'Wade in the water' (ábrete paso entre las aguas) que rememora el éxodo de Egipto y el paso a través del Mar Rojo. Sin embargo durante la huida indicaba al fugitivo que continuara el camino por el río para que los perros de los cazadores de esclavos no pudieran seguir su rastro. Todo un muestrario de canciones de alerta, de guía, de espera o de esperanza.

En los años previos a la Guerra Civil alrededor de cuarenta mil afroamericanos ya habían huido hacia Canadá a pesar de los intentos de disuasión de los amos sureños de venderlo como el país de los inviernos infinitos. Poco a poco se fueron formando muchas comunidades negras en la línea divisoria entre Estados Unidos y Canadá. Esclavos venidos de Arkansas, de Alabama, de Nueva Orleans o de Delaware podían votar y educar a sus hijos en libertad. En 1863 el presidente Abraham Lincoln decreta la abolición legal de la esclavitud en todo el país y por tanto el fin de la humillación que había supuesto el sometimiento de los negros. Sin embargo ganar la libertad suponía nuevos retos. Acabaron unos problemas y empezaron otros. La segregación. Aún quedaba mucho recorrido para que negros y blancos se equiparasen en derechos. Fue la última parada también del ferrocarril subterráneo. Pero su banda sonora no desapareció del todo. Muchas de sus canciones quedaron impregnadas en el aire y pasarían a formar parte del repertorio del blues y del jazz -veáse la lista Spotify- como testimonio permanente de una época difícil de olvidar... 




"Fui conductora del ferrocarril subterráneo durante ocho años y estoy orgullosa de decir algo que ningún otro conductor puede decir: nunca descarriló ninguno de mis trenes, nunca perdí un pasajero", Harriet Tubman.

Fuentes y bibliografía:

15 comentarios:

  1. Otra interesantísma entrada, y van.....

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    1. Muchas gracias, Gatopardo. Todavía sobrecodigo por la historia...

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  2. Un articulo espléndido! Es conmovedor que estas cosas pararan como quien dice ayer amparadas por la política de un estado "civilizado". Y es interesante como la música funcionaba como un código secreto que anunciaba la libertad... Es para tomar nota en estos días...
    Gradias por este gran trabajo!!!

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    1. Gracias a ti, Ricardo por ponerme en contacto con el tema...He escrito esta entrada entre la emoción y el respeto por aquellos esclavos pioneros...

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  3. Fantástico artículo e inmejorable selección musical. ¡Enhorabuena!!

    Griffin

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  4. Qué historia más alucinante, Grooveman. Gracias por traernos un episodio poco conocido de la historia de la esclavitud. Las canciones te hielan la sangre, transmiten todo el dolor del mundo. Uf...

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    1. Muchas gracias, Carol!! Me encanta verte por aquí. Son duras sí, es una historia muy conmovedora...

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  5. Por fin saco el tiempo de leer la entrada del ferrocarril subterráneo... Qué ganas tenía de hincarle el diente a esta narración y como siempre no me ha defraudado en absoluto.

    Es emocionante saber cómo a lo largo de la historia ha habido gente que se ha involucrado en el bien común, arriesgando su propio pellejo...Y la música siempre ha servido de apoyo.

    Gracias por el viaje, Grooveman

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    1. Muchas gracias, Isa. Si te ha gustado, el esfuerzo ha merecido la pena...;)

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Fantástica lectura, fantástica Playlist, y gracias por poner las fuentes bibliográficas. ¿Qué más puedo hacer que compartirlo? xD

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