sábado, 29 de junio de 2013

Jazz río arriba

"Afuera, sintiendo el aire puro del río; bajo el sol, la luna y las estrellas, la energía del jazz se activa, removiendo las ondas de sonidos del río más famoso del país",  Jazz on the river.
La sensación de libertad, de adentrarse en lo desconocido, de explorar nuevas tierras tan fascinantes como misteriosas. Hay un cierto toque romántico en ello, de búsqueda interior, de dejarse llevar por la corriente, de cambio, de ensueño. En las antiguas culturas, los ríos han simbolizado la juventud, el conocimiento, la inmortalidad, el avance y se han utilizado como una de las grandes metáforas del arte. "Todo fluye" decían los clásicos. Los navegantes que se embarcaban en apasionantes viajes por las salvajes y peligrosas aguas experimentaban una suerte de crecimiento personal, de superación, de madurez. El persistente mito de Ulises, los cantos de sirenas, los encantamientos marinos. Existe algo en la imaginería acuática que nos atrae y nos hechiza, casi tanto como en la música jazz.

Nueva Orleans, uno de los puntos más septentrionales del Caribe, la única ciudad subtropical de Estados Unidos, era el puerto principal del río Mississippi. El alfa y omega del Nilo norteamericano. Como destino final, allí llegaban los barcos de esclavos provenientes de África, los comerciantes europeos, los colonos, los refugiados de las guerras de Haití o de Cuba. La famosa mezcolanza de la Crescent City. Y al mismo tiempo, de allí partían hacia el interior del país, unos característicos barcos de vapor que  no solo llevarían pasajeros y turistas, sino también los estimulantes ritmos autóctonos. 

Durante la Primera Guerra Mundial, Nueva Orleans estaba en plena ebullición cultural: la animación callejera de los desfiles de metales, la actividad nocturna del distrito del vicio, la música en parques y picnics... En lugar de esperar a los turistas de los barcos de vapor, algunos músicos empezaron a tocar a bordo de ellos en un escenario móvil que ofrecía posibilidades de hacer llegar su música a un espectro mucho más amplio de público. Estos músicos se convirtieron en emisarios del jazz a lo largo de los valles de ríos como el Mississippi, pero también del río Ohio y Missouri. En definitiva, expandieron los sonidos de la ciudad a lo largo de todo el país. Algunos autores defienden, incluso, que sin los barcos de vapor, el jazz no hubiera pasado más que como un estilo de folclore local y nunca habría alcanzado la popularidad universal que obtuvo.

Inauguración del barco de vapor "Sidney". 1880.

Construyendo la identidad americana

La historia de los steamboats en Estados Unidos se remonta a 1809, cuando el ingeniero Robert Fulton patentó el primer barco de vapor de América. A lo largo de todo el siglo XIX, esos barcos jugaron un papel fundamental en el comercio e intercambio de bienes, constituyendo el sistema de transporte más completo de la nación. Alrededor de 1870, con el auge del ferrocarril, los barcos de vapor pasaron a un segundo plano ya que no podían competir con la rapidez y eficacia del tren. Sin embargo, en la cultura popular dejaron profunda huella...

Novelas como Las aventuras de Huckleberry Finn o la autobiográfica Vida en el Mississippi del escritor Mark Twain (por cierto, piloto de un vapor de ruedas) fueron testigo de la era del vapor y ayudaron a reforzar esa imagen tan característica norteamericana de colonos con sus violines y banjos cantando sus aventuras en largas barcazas que surcaban las aguas. El Gran Río, el Mississippi, a lo largo de sus casi 3.800 kilómetros, junto con sus afluentes el Ohio o el Missouri (más largo que el propio Mississipi), ha servido como contexto musical idóneo que contribuye a reflejar y, en cierto modo, a construir la identidad nacional americana.

El toque místico del jazz

No obstante, el hijo de un inmigrante alemán, John Streckfus, gran aficionado al violín, fue el pionero en combinar música y barcos de vapor con fines comerciales. En 1907 se le ocurrió la idea de incorporar una banda de hot ragtime (todavía no se usaba el término jazz) a los flamantes barcos de excursión que acababa de inaugurar. Su objetivo era atraer pasajeros. Orquestas de entre diez y doce músicos comenzaron a amenizar las excursiones de un día que desde Nueva Orleans exploraban las localidades pantanosas de Lousiana y el Golfo de México.

Sin embargo será en los viajes de larga distancia que se introducían en las entrañas del país, donde los ritmos y bailes del jazz consigan una nueva dimensión. Estos senderos acuáticos del interior añadirían un particular aire místico al jazz. La música adquiría un toque seductor cuando se escuchaba acompasada con el movimiento del barco. Los cantos de sirena se transformaban aquí en melodías hot que coloreaban los atardeceres del Mississippi con un embaucador pincel de fantasía armónica. 

El jazz de los barcos de vapor expresaba una compleja experiencia emocional de huida, de sensibilidad exploradora, de traspasar un umbral donde se abrían nuevas posibilidades vitales que otorgaban a los pasajeros una extraña, inexplicable y poderosa sensación de plenitud. Una forma muy musical de dar alas al consabido sueño americano. El entusiasmo por la música y el movimiento de la embarcación hacían presagiar un estado de euforia donde grandes cosas estaban por venir. No hay que olvidar que los recorridos de los barcos de vapor viajaban casi paralelos a otro tipo de viajes, de naturaleza bien distinta, donde los afroamericanos escapaban del Sur en busca de la Tierra Prometida del Norte, lo que se conoció como la Gran Migración.

La orquesta de Fate Marable, pionero del riverboat jazz

La herencia de Nueva Orleans

En los grandes puertos del Mississippi como Memphis, St Louis o Davenport no tardaron en asociar la música de baile que llegaba en los cruceros con la herencia de Nueva Orleans. Música alegre, festiva, para  evadirse y disfrutar que simbolizaba el carácter desenfadado de la ciudad sureña. Gracias a los viajes en los barcos de vapor, asimismo, se introdujeron algunos cambios en los primeros combos de jazz.

Por ejemplo se realizaron ajustes en la instrumentación y en el repertorio para hacer más accesible y popular el jazz a audiencias que no estaban acostumbradas a oírlo. En el período de Entreguerras, las barcazas autopropulsadas dieron paso a los llamativos barcos de vapor, ornamentados en un estilo gótico, un símbolo de progreso pero, a su vez, un guiño hacia el resto del país que rememoraba los desfiles callejeros y la intensa vida nocturna de Nueva Orleans.

Cambios raciales

Al mismo tiempo, los barcos de vapor acercaron el jazz a la población blanca de Estados Unidos y les ayudaron, de alguna manera, a asimilar los determinantes cambios culturales que estaban transformando la sociedad de la época. Fue una especie de suave catalizador para dos generaciones de norteamericanos -el auge del jazz de los barcos de vapor fue entre 1917 y 1945- que vieron como los negros, poco a poco, empezaron a ser ciudadanos de pleno derecho igual que ellos, los blancos. En el contexto de las cerradas poblaciones del Medio Oeste, el jazz sirvió como punto de encuentro, un discurso amable e integrador que liberó a cierto sector de la población blanca del sentimiento de culpa por el pasado esclavista y dio a los afroamericanos la oportunidad de aportar un brillante optimismo en forma musical a esas transformaciones.

A pesar de todo, no siempre la situación era tan idílica. Los barcos de vapor no estaban exentos de las tensiones raciales. Algunos críticos han querido establecer la autenticidad del jazz de los barcos de vapor en el color de la piel de los músicos. Cuanto más negros, más jazz. Es cierto que la mayoría de músicos que tocaron en los barcos fueron afroamericanos, hasta los propios músicos blancos reconocían que las mejores orquestas eran las negras. Pero eso no fue suficiente para que los promotores turísticos limitaran el número de músicos negros en las agrupaciones aludiendo motivos "estéticos". Todavía estaba reciente un pasado en el que los negros servían de peones y jornaleros. En uno de los puertos importantes del Mississippi, St Louis, los barcos de vapor eran utilizados, no mucho tiempo atrás, para transportar trabajadores negros hacia los guetos de las afueras de la ciudad.

El primer músico que tocó a bordo de un barco de vapor fue el pianista y bandleader Fate C. Marable, en 1907. Marable se encargaba de reclutar músicos de Nueva Orleans para formar parte de las orquestas que irían en los barcos. Lejos aún de las grabaciones iniciales, muchos norteamericanos escucharon por primera vez el incipiente jazz gracias a su banda. Algunos de los mejores ejecutantes de la ciudad pasaron por sus manos. En abril de 1918 un tímido cornetista entró a trabajar en los Streckfus Steamers que realizaban excursiones por la bahía de Nueva Orleans. La promesa de experiencias excitantes y aventuras continuas fue lo que más le atrajo. Pop Foster, Johnny Dodds, Zutty Singlenton... muchos músicos actuaron Mississippi arriba llevando el jazz por todo el país, pero ninguno consiguió encandilar tanto como él. Por supuesto, se trata de Louis Armstrong...



Fuentes:

- Riverboats and Jazz. The Hogan Jazz Archive. Universidad de Tulane. Nueva Orlenas.
- Jazz on the river. William Howland Kenney. The University of Chicago Press. 2005.




9 comentarios:

  1. Como siempre... me atrapas.
    tango congo atravesó el mississippi y sus afluentes de sur a norte, dejando huellas reconocibles. Partió de La Habana , atravesando el gran Golfo de México, en los "Ojos criollos" de Gottaschalk, como el resultado sonoro de un amor fugaz con una habanera. Fue en esa pieza en que el músico de New Orleans incorporó tango congo a la mano izquierda del piano. El primer intercambio de esa larga y fecunda interrelación entre las músicas de Cuba y Estados Unidos. De Saumell a Gottschalk. De ahí, de las partituras del gran pianista norteamericano, casi estoy seguro, bebió Jerry Roll Morton para hacer su música.
    Ned Sublette opina que -hablamos una vez del tema-, La Habana no es una ciudad caribeña, sino parte integrante de ese importante triángulo La Habana-Veracruz-Nueva Orleans. Y concuerdo con él. Cuba tiene una cara caribeña, con Santiago de Cuba y Cienfuegos como principales ciudades al sur de la isla. De cara al mar Caribe. Pero ese intercambio caribeño fluyó, principalmente y durante siglos, en base al contrabando. La Habana tiene una rica historia marinera muy diferente. Como enclave más importante del Imperio Español en América y principal punto de extensión del poder monárquico, atendía las ciudades de la Florida y Nueva Orleans y el intercambio fluyó con dinamismo durante casi todo el XIX. Hasta que Nueva York lo fue reemplazando poco a poco y durante el siglo XX se hizo imperceptible.
    un abrazo y estamos en contacto. El proyecto se está moviendo rápido y se ven claras las metas desde las últimas tres semanas.

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  2. Me encanta la imagen de la orquesta de Fate Marable en el barco. Tengo escenas con ese ambiente.

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  3. Otro gran post, lo que no es novedad.
    ¿Qué sería de nosotros sin Nueva Orleans?

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  4. Te superas en ambientación, Grooveman.... "Los cantos de sirena se transformaban aquí en melodías hot que coloreaban los atardeceres del Mississippi con un embaucador pincel de fantasía armónica". He conseguido reproducir la imagen de la aventura fluvial que tengo pendiente. Tengo el propósito de hacer ese crucero por el viejo Mississipi. Y lo haré.

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  5. Impecable, como siempre (nos tienes mal acostumbrados, jeje), debía ser todo un lujo para esa época, sin embargo debo decir que (conociendo algo de náutica y su historia), eran ruidosos, húmedos, inestables y las ratas solían embarcar sin pedir permiso muy a menudo, eso sí, se podía escuchar la mejor música del momento mientras navegabas ¿que mas podías pedir a principios del siglo XX?...bueno, si eras blanco y rico, claro....
    Un saludo!

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    Respuestas
    1. Por no hablar de los mosquitos, que ya se sabe que en los ríos son habitantes permanentes ;-)
      Ninguna aventura, por muy romántica que sea, está exenta de pequeñas molestias que hacen que todo lo demás merezca aun más la pena. Te lo dice una romántica aventurera.

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