domingo, 16 de junio de 2013

En la frontera de Alabama


"Fue alrededor de 1904. Se anunció la batalla de pianos de la Feria Mundial de St. Louis. Yo era un pez gordo de medio pelo. Tocaba el piano en la zona de Mobile y las chicas iban a financiar mi viaje. Estaba decidido a ir hasta que escuché que Tony Jackson también acudiría a ese concurso. Por supuesto, estaba tan asustado que me quedé en Alabama. Más tarde me enteré de que Tony Jackson finalmente no estuvo y que el ganador fue Alfred Wilson, algo que me disgustó porque sabía que a Alfred si le hubiera ganado. Así que seguí viajando por diferentes garitos cantando mi nueva canción..." Jelly Roll Morton.

Tocar en los prostíbulos sin duda era una escuela dura. Cualquiera podría pensar que incluso suponía un trabajo de riesgo. Y más si empiezas siendo un adolescente. Para ganarse una reputación había que saber arreglárselas en las situaciones más comprometidas. Un cliente borracho que pide que le toques su ragtime favorito. Un rudo marinero que está de paso en la ciudad y no duda en pagarla contigo cuando no le gusta una de las piezas. Un chulo que no te quita el ojo de encima porque piensa que está coqueteando con una de sus chicas. Hasta un matón sin escrúpulos que no duda en usarte de parapeto para cerrar uno de sus negocios. Ser pianista en cualquiera de los antros que había en Nueva Orleans a principios de siglo XX era lo menos parecido a una actividad tranquila. Y aunque Jelly Roll Morton sabía moverse como pez en el agua en esos ambientes sórdidos llegó un momento en el que necesitó irse. Pero por cuestiones más prosaicas de lo que pudiera parecer...

Un mandamás de tres al cuarto

"Quería ser el mejor jugador de billar del mundo así que me fui de Nueva Orleans que estaba lleno de tiburones que iban a esos pequeños antros donde yo practicaba con los pringaos. Lo que hice fue utilizar el piano como reclamo". 

Jelly Roll Morton ya por esa época era un arrogante jovencito cuyo concepto de sí mismo no tenía límites. No sólo es que quisiera convertirse en el mejor jugador de billar del mundo, sino que también ansiaba ser el mejor pianista. Empezó a recorrer las ciudades del Sur de Estados Unidos. Jackson, Greenville, Greenwood, Vicksburg... Allí iba a los garitos donde hubiera un piano y una mesa de billar, algo bastante frecuente por otro lado puesto que se trataba de aficiones igual de perniciosas. Jugar y tocar, esas parecían ser sus únicas pretensiones. "De vez en cuando dos o tres mujeres se enamoraban de mí, pero no les prestaba mucha atención, sólo estaba interesado en jugar al billar". Al mismo tiempo eso es lo que le diferenciaba de los pianistas de la zona. La mayoría de ellos estaban atados a sus mujeres y no se movían mucho del lugar. Sin embargo el espíritu libre e itinerante de Jelly Roll le puso en contacto con diferentes tradiciones y estilos de tocar el piano. Aunque en casi todos esos honky tonks lo único que se escuchaba era blues, ese blues sucio y pantanoso del Sur...


Hacia 1903 recaló en Gulfort, Mississippi, donde coincidió con el trompetista Bunk Johnson que se quedó asombrado de la habilidad del joven Morton al piano. Ambos músicos de Nueva Orleans coincidieron en el desfile de los estibadores en el Día del Trabajo. Había dos secciones, la de los sindicalistas y la de los esquiroles. Pero donde solía ganar bastante dinero era en el Gran Hotel del Sur interpretando valses y ragtimes para el público blanco. Morton sabía perfectamente quién manejaba la pasta en el Sur. De hecho, en la próspera Biloxi, otra población de Mississippi, tocaba para los empresarios acaudalados del negocio de la pesca. Con frecuencia, Jelly Roll amenizaba las grandes fiestas que estos tipos organizaban en los barcos donde se recogían gambas y ostras. Iba directo a convertirse en un chico listo, pero casi se queda en el camino por pasarse, precisamente, de listo.


"O me devuelves la pasta o te vuelo la cabeza"

En una de sus incursiones conoció a un tipo alto y de buena presencia llamado Harry Dunn, el mejor jugador de póker del lugar. Se sabía los trucos y artimañas más deslumbrantes para ganar todas las partidas. Había que ser un mago para vencer a Harry. Morton se pegó a él y le siguió a todas partes. "Hoy toca día de pago", lo cual en la jerga de Harry significaba que iba a conseguir la pasta de toda la gente para la que había trabajado. En una de estas fueron a parar a un campo de trabajo en Orange, Mississippi. Harry junto a su inseparable aprendiz Morton se las prometían felices. "Voy a enseñarte cómo se hacen las cosas, chaval", le dijo. 

Jelly Roll podía ganar tanto o más dinero tocando el piano que jugando al póker, pero pensó que la experiencia en el campamento de Orange no le vendría mal para subir escalones como jugador. Harry le pidió que se mantuviera fuera del juego. Empezaron las mangas, Harry las ganaba todas. Jelly quiso participar doblando las apuestas. Intentó guardar las cartas debajo de la mesa pero uno de los jugadores le pilló. Se levantó y le apuntó con la pistola. "O me devuelves mi dinero o te vuelo la cabeza". Tuvo que intervenir Harry. "No le hagáis daño al chico, es como mi hermano pequeño y no sabe lo que hace. Os aseguro que os devolveré todo el dinero que habéis perdido, muchachos". Cuando empezaron las reclamaciones uno que había palmado tres dólares pidió diez. Nadie estaba en condiciones de ponerse tiquismiquis. Harry y el osado Morton volvieron con menos dinero del que habían llevado...

Un nuevo pianista en la ciudad

"En aquellos días solía aterrizar en una pequeña ciudad, conseguía una habitación para dormir, me engalanaba y salía a la calle con mi traje de rayas. Todas las chicas sabían que había un nuevo pianista en la ciudad y empezaban a decir 'oh mira, ¿quién es ese pianista recién llegado?, parece bastante guapo'"

Podría cambiarse todos los días de traje si quisiera usando solo la mitad de su armario. Fanfarronear era lo suyo. "I'm the suit man from suit land", solía decir en un juego de palabras -suit en inglés significa traje y ser apropiado para- donde ejemplificaba a la perfección su falta de modestia. Una vez asentado en la ciudad y habiendo despertado la atención de las chicas, el siguente paso era localizar el garito con el piano y la sala de billar. El piano, por supuesto, servía de invitación para que los hombres se acercaran a la mesa de billar e iniciar la ronda de partidas. La policía nunca le pudo acusar de vagabundo porque Jelly Roll siempre se las ingeniaba para residir en alguna de las casas de las mujeres a las que cautivaba con su piano.

Carne nueva en el mercado

Un tipo negro que había conocido en Biloxi, Lily White, fue también uno de sus instructores de billar. Aparte de mostrarle los secretos del billar White también le enseñó a colarse en los trenes sin pagar. Al principio Morton se rasgaba los pantalones, pero poco a poco le fue cogiendo el truco. En uno de estos viajes les pillaron. Un tipo con dos pistolas enormes les acusaba de haber robado el correo y les llevaron a prisión. Se probó que no eran ladronzuelos de cartas, pero les cayeron cien días por llevar armas: Lily White portaba una cuchilla en su manga.

Nada más entrar en la cárcel los internos gritaron "carne nueva en el mercado" y saltaron sobre ellos para robarles el dinero y los cigarrillos. Allí formaron parte de las cuadrillas de trabajo para construir una nueva carretera. Jelly Roll Morton estudió la ruta que seguían todos los días y se agenció un par de trozos de madera donde poder refugiarse en una futura escapada. Una tarde al amanecer se las apañó para salirse de la cuadrilla y empezó a correr. Cuando se producía una huida era otro prisionero el que se encargaba de atrapar al fugitivo. Corrieron durante varias millas, pero llegó un momento en que ninguno de los dos tenía más fuerzas para seguir. Morton levantó un tronco de madera como señal para que le dejara irse. Moriría si le capturaba; el otro prisionero lo entendió y se volvió para que Morton pudiera huir. Durmió en un bosque esa noche.

Rumbo a Alabama

"Nunca olvidaré ese lugar porque si no hubiera sido por mis amigas del piano, uno de esos tipos me hubiera rajado"

A la mañana siguiente robó la ropa que un granjero tenía tendida y se dirigió a Mobile, en Alabama, cerca de la frontera con Mississippi. Y es allí donde empieza la historia de Alabama Bound. Jelly Roll Morton la compuso después de la decepción del concurso de piano de St Louis. La hizo para sus amigos, a todos les encantaba. Las chicas de los salones le pedían que la tocara una y otra vez, para ellas. A lo que Jelly les respondía: "'por supueso, eso haré, pequeña viejecilla', esa es la forma en la que solíamos comportarnos en Mobile".

Parece que Morton había encontrado un refugio donde quedarse por algo más de tiempo. En Mobile también compondría uno de sus clásicos, King Porter Stomp. Pero un culo inquieto como él no era capaz de asentarse en ningún lugar. Aún quedaban unos años para que triunfara en Chicago, pero todavía le esperaban muchas aventuras a bordo de una compañía ambulante de circo o como músico en los espectáculos de minstrel...

Hay un refrán que dice 'a cualquier lugar al que vayas, se supone que estás destinado a ese lugar'. Y de hecho yo me dirigía hacia Alabama". Jelly Roll Morton.






Bibliografía: Mister Jelly Roll. Alan Lomax. Grove Press. 1950.




13 comentarios:

  1. Otro gran post para conservar.
    Un saludo

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    1. Gracias, Gatopardo! Habrá que recopilarlos...

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  2. Extraodinario su blog, cada post es un lujo.
    Muchas gracias, enhorabuena.

    Sigfredo Ariel

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  3. La vida del amigo 'gelatinoso' da para mucho... ¡Qué intensidad! Como siempre, excelentemente detallada cada anécdota, Grooveman. Gracias :-)

    Por cierto, por muy peligrosa que fuera la vida del pianista en un burdel debía molar lo suyo, como bien decía Sabina...

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    1. Muchas gracias!!! Yo quiero una película de su vida ya!!

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  4. me gusta... volveré ...
    http://tambienmama.blogspot.com.es/

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  5. "No dejes que la verdad arruine una bonita historia" Algo así se decia Jelly Roll mientras fanfarroneaba sobre si mismo en los mil y un garitos donde paseó su arte y su desmesura. Un tipo fiel a si mismo y a sus mentiras hasta el final.

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    1. Como lo sabes, amigo doctor! La historia a la medida de su ego, pero qué historias!!!!

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  6. Genial, como siempre, se me ocurre que estas historias bien podían formar (consecutivamente bien guionizadas, en plan "Raices") una estupenda serie que daría a conocer al gran público, un monton de historias semi-olvidadas, y mientras hacer que el Blues y el Jazz consiguiera el respeto que se merece...no sé son locuras mías que a veces me vienen a la mente (a veces pienso algo parecido con el Rock y el Pop de los 60, con un viajero del tiempo como personaje principal, y con artistas actuales amulando a los Lennon, Hendrix, Joplin, etc....si, lo se estoy un poco pallá).. pero a que molaría!?

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    1. ¿me contratarían en Jolibúd como guionista? jaja, un saludo maestro!

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    2. Muchas gracias, Sebas! Pues no es ninguna locura, no... Y si lo fuera, estoy a punto de "enloquecer"...;)

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